Aventuras buscando alojamiento en Dawei

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Empecé a conducir, el paisaje era bonito pero tras media hora empecé a sentirme muuuy cansado y además estaba viendo que el tiempo estimado según el mapa no iba de acuerdo a mi velocidad, iba más despacio de lo que el mapa predecía, así que me llevaría más de 3 horas llegar.

Tras hora y media paré para descansar un poco y tomar algunos dulces que había comprado. Al menos tenía este paisaje 🙂

 

Paisaje Launglon Dawei

 

Ya estaba pensando en lo duro que sería llegar hasta allí, mucho más de lo que me había podido imaginar, pero volver iba a ser la misma basura y como ya estaba casi a mitad de camino, mejor seguir. Justo en ese momento, un chico paró detrás de mí con la moto. Parecía muy serio, algo nuevo por esos lugares ya que suelen estar siempre muy sonrientes. Me empezó a hablar. No le entendía nada :/

De repente me escribió en su teléfono: “Tizit guesthouse”. Tizit es otra playa que estaba más cerca que el monasterio, a unos 40 minutos de donde estábamos, pero donde no tenía información de que hubiera ninguna pensión. Sin embargo estaba demasiado cansado, así que confié totalmente en un tío que acababa de conocer, y al cual no le entendía ni papa, y le seguí.

 

Tras conducir varios minutos por la carretera principal, vimos un cartel que indicaba el giro a la derecha para ir a la playa de Tizit. Nos paramos antes de girar. Me intentó decir algo pero seguía sin entenderle. Me enseñó una foto de un banco, una barca, dos mujeres y escribió la cifra de 500.000.

En aquel momento pensé, ¡joder! ¿Quiere que vaya al banco a sacar 500.000 kyats porque ese es el precio de la guesthouse? Pero la barca y las dos mujeres no encajaban mucho en mi versión.

El chaval no parecía para nada peligroso, así que le dije: está bien, vamos. Seguimos la carretera principal en vez de girar a la derecha, a un cierto punto giramos a la izquierda y empezamos a ir por caminos de tierra. Fuimos a una casa, él buscaba a alguien pero la casa estaba vacía. Volvimos a la carretera principal y fuimos a un templo. Me dijo que esperase fuera un minuto.

Al poco tiempo volvió y me dijo que fuera con él. Dejé mis zapatos al pie de las escaleras y subí con él. Se le veía muy contento y sonriente, y mientras subíamos las escaleras me iba haciendo gestos para darme a entender que íbamos a comer algo, aunque parecía totalmente que estaba haciendo una felación. Me quedé algo confundido al principio pero acepté que probablemente la mímica no había sido demasiado afortunada.

 

Cuando subí, en medio del patio del templo había una mesa con bastante comida y tres sillas vacías. De repente unas 15 personas aparecieron y me invitaron a sentarme y a comer. Esto estuvo muy divertido, la verdad. Me sacaban fotos mientras comía, otro estuvo grabando un vídeo de los 30 minutos que me pasé allí, nos echamos unas cuantas selfies y los minimonjes (aprendices de monje) querían chocarme los cinco cada, aproximadamente, 15 segundos.

 

Tras todo el “show”, me despedí de la comitiva y me fui con el chico éste. Volvimos a la casa que estaba vacía antes y nos encontramos con dos mujeres muy simpáticas. Una le dio al chico un fajazo de billetes, imaginé que eran los 500.000 de los que me hablaba y después de que contase todo nos fuimos.

Volvimos a la carretera principal y sobre las 7 pm (ya de noche) estábamos en el lugar donde teníamos que girar para ir a Tizit. Allí volvimos a parar y me volvió a intentar explicar algo, pero seguía sin entenderle así que le dije: sí tío. Sin problema, vamos. Estaba tan cansado que solo quería dejar la mochila y descansar durante días.

El camino era algo duro, mucha subida y bajada, baches y agujeros. Tras 20 minutos empezamos a ver algunas casas y nos paramos en una bastante bonita y grande, echa con ladrillos y todo, nada de bambú. Su familia, y entiendo que él, vivían allí.

 

Un hombre mayor salió fuera (probablemente su padre) y después de que hablasen un poco, el padre me dijo: no hay pensión aquí. Vete a un hotel. No me podía creer lo que estaba pasando (días más tarde me enteré de que está prohibido para los birmanos alojar a extranjeros en sus casas bajo riesgo de multas graves). Miré al chico con el que había ido, no me decía nada y ni siquiera era capaz de mirarme a los ojos.

Aún así no me fui, intenté explicar la situación, que había tenido un viaje muy largo y que estaba demasiado cansado para ir a otro lado en ese momento. Ya eran más de las 7.30 pm y llegar al monasterio o a Dawei me iba a costar otras 2 horas. Le dije que podía dormir en cualquier sitio, que con un techo era más que suficiente.

El padre llamó a alguien y de repente sonrió, me invitaron a sentarme y ambos empezaron a reírse. Respiré aliviado y pensé: Vale, este extraño humor birmano… ¡me voy a tener que ir acostumbrando a él!

 

Dejé la mochila (¡vaya alivio!) y tomé asiento. Tras unos minutos vino otra persona. Me dijo muy sonriente: ¡Hola! Mi nombre es Toni, ¿cúal es el problema?

Pensé: ¡aleluya! ¡Al final alguien con quién puedo comunicarme! Le expliqué la situación pero me dijo: lo siento tío, pero no puedes quedarte aquí. No hay ninguna pensión que pueda alojar extranjeros por esta zona…

Entonces le pregunté a ver qué me intentaba decir el chico que me había llevado hasta allí. Me dijo que no sabía, que el inglés del chico era bastante malo y que probablemente había sido un malentendido.

En aquel momento me sentí como un completo idiota. Y para “mejorar” la situación el padre se seguía riendo. Pensé: a la mierda, voy a la playa y pincho la tienda de campaña allí. Pero me dijeron que tras las lluvias y con la marea alta, no era la mejor idea. Mi única opción razonable era conducir un par de horas más y volver a Dawei.

 

El chico que hablaba inglés se sintió mal por la situación y me ofreció enseñarme la zona al día siguiente, me quiso dar su número, pero en aquel momento estaba demasiado cansado y cabreado para ser simpático.

Me fui e hice el camino de vuelta a Dawei. Llegué allí a las 9.30 pm. Estaba tan cansado que ni siquiera sentía lo cansado que estaba ya. Llegué a la pensión donde tenían una habitación libre y… ¿adivina qué? Ya la habían dado…

Ya estaba pensando: bueno, tengo que pagar por un hotel de lujo… y eso si no está todo vendido también. De repente vi a una viajera, de Indonesia, y sólo le pregunte: ¿duermes en una habitación doble? Me dijo que estaba en una habitación individual pero tras escuchar toda la historia me ofreció su suelo para dormir.

Por suerte tenía una colchoneta hinchable y saco de dormir así que para una noche bastaría. Esa noche compartimos gastos (5.000 kyats cada uno, 3.40€) y al día siguiente ella se iba por la mañana temprano así que yo me quedaría con la habitación. ¡Sonaba maravilloso!

 

Después de todo el traqueteo me sentí increíblemente aliviado. Tenía el ansiado techo bajo el que dormir y un lugar en el que finalmente dejar la mochila.

Me encanta, y odio al mismo tiempo, lo fácil que cambian las cosas cuando estás viajando. Se pasa del momento más horrible del viaje a la magia en instantes y con la misma probabilidad.

Tras dejar todo, conocimos a otro viajero que también se estaba quedándo en esa pensión, tras un poco de charla, acabamos los tres tomando unas merecidas cervezas en el bar más cercano.

Finalmente todo acabó bien y unas cervezas más tarde, llegó el momento de irse a dormir, ¡había que recuperar fuerzas para seguir explorando la zona!

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Sergio Molino

¡Eyyyy! Soy Sergio, un tipo de ventipico años, curioso, aventurero y amante de la innovación, nuevas ideas y, por supuesto, de Ambitious Tracks ;) Únete a nuestra aventura!

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